Cuando migrar también transforma el menú: así impactan las personas migrantes en la alimentación urbana
Especialistas del seminario “La ciudad y sus patrimonios” explicaron cómo las personas migrantes modifican prácticas alimentarias, crean nuevas mezclas culturales y redefinen los sistemas de consumo en las ciudades que atraviesan o donde se establecen.
15/04/2026 3:10 pm
MÉXICO.- Las ciudades no solo cambian por sus edificios, sus calles o sus ritmos. También cambian por lo que se cocina, se compra y se come. Y en ese proceso, las personas migrantes tienen un papel enorme. Así lo explicaron especialistas en la primera sesión del seminario a distancia “La ciudad y sus patrimonios”, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM.
Durante la charla, el investigador Wilfredo Alaniz Pérez recordó que quienes migran —ya sea de manera regular o irregular— no solo se desplazan: transitan, se establecen y construyen nuevas formas de vida cotidiana. Y en ese camino llevan consigo algo muy poderoso: sus comidas indispensables, sus sabores de origen y sus hábitos alimentarios. Todo eso, al llegar a un nuevo territorio, transforma los sistemas de consumo locales.
Alaniz explicó que la movilidad humana, según la ONU, es el derecho de las personas a desplazarse por razones voluntarias o forzadas. Y en ese movimiento, las ciudades se vuelven nodos clave. No solo las fronteras cambian: también lo hacen urbes como la Ciudad de México, donde se observa un aumento de población migrante, más albergues, más espacios de atención y nuevas dinámicas de movilidad.
Desde España, Francesc Xavier Medina Luque, director de la Cátedra UNESCO de Alimentación, Cultura y Desarrollo, habló de cómo la comida tradicional —esa que creemos fija e inamovible— se transforma cuando llegan nuevas poblaciones. Los platillos adoptan otros significados, se mezclan ingredientes y nacen hibridaciones culinarias que cuentan historias de ida y vuelta. Quien migra lleva consigo lo que considera indispensable, pero también regresa con nuevos gustos adquiridos en el extranjero.
Por su parte, Tiana Bakic Hayden, investigadora de El Colegio de México, recordó que los sistemas alimentarios siempre han dependido del trabajo de personas en movilidad. En la Ciudad de México, por ejemplo, puntos como La Merced o la Central de Abasto muestran cómo conviven alimentos de todo el país y, cada vez más, de otras partes del mundo.
Bakic Hayden también explicó que los espacios que frecuentan las personas migrantes pueden ser activos (supermercados, tienditas, puestos callejeros, albergues de paso) o fijos (albergues de larga estancia, comedores comunitarios, cuartos alquilados). Y aunque en los albergues suele servirse comida repetitiva —arroz y frijoles casi diario—, muchas personas expresan que esa alimentación no siempre les permite “sentirse bien” o cumplir con lo que para ellas significa comer.
En resumen, la migración no solo mueve personas: mueve sabores, costumbres, identidades y formas de entender la comida. Y en ese intercambio, las ciudades se reinventan.
- Cuando la comida viaja: cómo la migración transforma los sabores de las ciudades
- Sabores en movimiento: especialistas explican el impacto alimentario de la migración
- De la cocina de origen a la mesa urbana: la huella culinaria de las personas migrantes




