La perversa relación entre grandes corporaciones y pequeños productores de café
10/10/2018 10:50 am

PUEBLA, MÉXICO.- Todos hemos ido a una cafetería y todos, o la mayoría de las personas que tomamos café alguna vez hemos pagado un costo excesivo por una bebida de dicho grano. Si tomamos en cuenta que el valor real de una taza de café americano, contando el costo del café tostado (8gr), azúcar (2gr), vaso desechable (papel, 8oz) y agua, es de unos 5 pesos mexicanos (unos .25 centavos de dólar) nos damos cuenta que es un negocio muy lucrativo.
En el panorama actual sobresale la difícil situación por la que pasan los productores en todo el mundo. Y en Puebla, el tercer estado con mayor producción del grano en el país, no es diferente; mientras el consumo de café crece en el estado y en el país haciendo por un lado que pequeños empresarios opten por este redituable negocio, y que grandes empresas como Nestlé y Starbucks hagan alianzas para comercializar sus productos en las cadenas de supermercados más importantes; por el otro, los productores se ven cada vez más empobrecidos por la elevación del costo de producción dicho grano.
Tomar café hoy está en boga, siempre ha sido la segunda bebida más consumida del mundo y siempre ha existido una industria millonaria alrededor del café, pero hoy los costos para los consumidores se están elevando considerablemente, lo que ha hecho que se siembre más café en todo el mundo y por esta razón los precios internacionales del grano llevan más de 6 años en caída constante, haciendo que los campesinos productores se empobrezcan y en ese camino las empresas intermediarias se enriquezcan.
¿CÓMO NOS EXPLICAMOS ESTO?
A diferencia de lo que pasa globalmente, la producción de café en México está en picada. En seis años los caficultores mexicanos pasaron de producir 1.33 millones de toneladas en 2012 a 835 mil toneladas en 2017, esto es casi un 40% menos, según el Atlas Agroalimentario de la Sagarpa.
En los noventas el aromático se cotizó muy alto, entonces la industria del café de exportación creció; es decir, se multiplicó por 3 o 4 la densidad de siembra de cafetos por hectárea, lo que exigió más mano de obra y representó una pérdida de biodiversidad, que significa que en ese momento se comenzaron a usar más pesticidas e insumos químicos. La industria comenzó a depender de la tecnificación, lo que hizo que la vida se encareciera para los campesinos productores, además de los costos ecológicos que esto implica y hoy, con el desplome de los precios internacionales, el café se convirtió en negocio para los intermediarios que compran barato, procesan y venden con sobreprecio la taza de café.
Por otro lado, el consumo de café orgánico, sin químicos ni pesticidas está creciendo y esto debería representar una luz para los productores; sin embargo, el negocio del café orgánico radica en la “certificación”, en organizaciones que no son productoras de café se llevan una gran parte de las ganancias por llevar a cabo este proceso, que no beneficia a los productores, pues dicha certificación tiene un elevado costo, lo que quiere decir que para un campesino productor que tiene en su casa 30 cafetos, no es redituable invertir tanto para certificarse.
Aunque aquí en Puebla, en Cuetzalan, El Movimiento Cooperativo Indígena de la Sierra Nororiental de Puebla de la Cooperativa “Tosepan Titataniske” (Unidos Venceremos, en náhuatl), se propusieron encontrar solución al problema de la carestía de los productos básicos para la alimentación de las familias en 1980 y ahora venden además de café, varios productos como pimienta y miel que exportan a Alemania, Japón y Holanda.
Los mercados orgánico y de comercio justo son alcanzables para los pequeños productores, pero se tienen que unir y esa es una tarea un tanto difícil si tomamos en cuenta que muchos de ellos siembran café para el autoconsumo y el mercado local; lo procesan en su casa, pues lo despulpan en máquinas pequeñas, lo secan en sus tejados y lo mortean a mano para venderlo a intermediarios que acopian grandes cantidades de diferentes puntos de la Sierra de Puebla y muchas veces lo exportan como café de Veracruz.
Es un tema muy profundo y es difícil emitir un juicio y plantear una solución, ya que son muchos factores los que influyen en las decisiones de cada persona para unirse o no hacerlo, para vender su café a quién, o simplemente porque siempre ha sido así.
Esperemos que la dura situación por la que atraviesa la industria productora de café en México tenga un final feliz.




