Fotografía: Katia Fernández / EsImagen
Estamos muy acostumbrados a ver restaurantes e ir a comer. Es algo incluso cotidiano para muchas personas. Algo casi preestablecido. Incluso muchas veces se cree que han estado ahí siempre, que simplemente aparecieron.
Si bien los mesones o posadas tienen un origen milenario, el restaurante es un sustantivo relativamente nuevo.

La palabra ‘restaurante’, etimológicamente significa restaurativo/que restaura y nace con la idea de ofrecer a los viajeros o comensales la oportunidad de reponer los estómagos cansados. El lugar tenía que ser un establecimiento donde se ofreciera cobijo a los comen
El primer cocinero que tuvo la idea de convertir su local situado en una calle de Paris, La Rue Des Poulies, en un restaurante, fue, según algunos escritores, Dossier Boulanger, en 1765. Dossier paso de servir únicamente caldos restaurativos a armar una carta completa con diferentes platillos.
Para darle la bienvenida a los comensales, colgó un cartel en latín que decía: “Venid a mí, hombre de estómago cansado y yo os restaurare”. Seguido, muchos cocineros de casas reales o de la aristocracia se fueron sumando poco a poco a esta idea, que para 1789, año del inicio de la Revolución Francesa, el restaurante ya era algo real, es decir, empezaba a ser normal ver restaurantes en todas partes.

Durante la Revolución Francesa, muchos cocineros que no eran ejecutados con sus respectivos dueños, o elegían el exilio o abrir sus propios negocios de comida en París y las principales ciudades de Francia.
El crecimiento del restaurante fue tan exitoso que los dueños de restaurantes empezaron a competir por más clientes. Elegían las mejores vajillas, mantelería y poco a poco se fueron transformando.
Para la época (S. XVIII) los restaurantes eran muy suntuosos y las decoraciones debían ser únicas y fastuosas. A partir de los años de 1800, se comenzó a exportar el concepto e idea del restaurante fuera de las fronteras francesas.

