Agricultura

El campo mexicano también se escribe en femenino

Cada vez más mujeres cultivan, investigan, producen y transforman el campo. En 2026, declarado por la Organización de las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultora, su trabajo cobra mayor visibilidad como pieza clave para la seguridad alimentaria y el desarrollo económico.

Clara Aceves

MÉXICO.- Durante muchos años, el campo mexicano tuvo un corazón femenino que trabajaba en silencio. Mujeres sembrando, cuidando animales, transformando alimentos o sosteniendo la economía familiar desde parcelas, huertos y cocinas. Hoy, ese trabajo ya no pasa desapercibido: se reconoce como una de las fuerzas que sostienen la producción de alimentos y el desarrollo de las comunidades.

Gracias a años de lucha por la igualdad y el trabajo digno, muchas han pasado de ser figuras invisibles a protagonistas activas del desarrollo económico.

2026: el Año Internacional de la Agricultora

Este 2026, la Organización de las Naciones Unidas declaró el Año Internacional de la Agricultora, un reconocimiento que busca visibilizar la contribución de millones de mujeres al campo y a la seguridad alimentaria mundial.

Y no es para menos. En México, alrededor de 6.1 millones de personas trabajan en el sector primario, y de ellas 13.3% son mujeres, quienes aportan conocimiento, experiencia y una relación profunda con la tierra que se ha transmitido de generación en generación.

Desde quienes cultivan la milpa hasta quienes participan en la comercialización o transformación de productos, su trabajo es clave para la economía rural y la alimentación de las familias.

Más mujeres estudiando el campo

Otro cambio importante se ha dado en las aulas. La formación profesional en áreas agrícolas también comienza a tener cada vez más presencia femenina.

En 1979, apenas 8% de los estudiantes de agronomía eran mujeres. Para 2021, esa cifra creció hasta 39%, de acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior.

Un ejemplo claro se encuentra en la Universidad Autónoma Chapingo, donde actualmente 47% de la matrícula está integrada por mujeres, una cifra que refleja cómo el campo también se está profesionalizando con nuevas generaciones de agricultoras.

Incluso han surgido iniciativas estudiantiles como el Colectivo de Estudiantes Agrónomas (CEAGRO), donde jóvenes universitarias trabajan junto a mujeres campesinas para impulsar proyectos con enfoque social y comunitario.

Un camino que aún continúa

Aunque los avances son importantes, todavía quedan retos por resolver. Diversos especialistas coinciden en que es necesario fortalecer el acceso de las mujeres a recursos productivos, tierra, financiamiento y espacios de toma de decisiones.

También es clave impulsar condiciones equitativas para la comercialización de sus productos, de modo que su trabajo tenga mayor reconocimiento y mejores oportunidades.

Lo cierto es que hoy el rostro del campo mexicano se ve distinto: tiene manos que siembran, conocimiento que se comparte y una presencia femenina cada vez más fuerte.

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