¡Dale, dale, dale! El campo rellena de sabores y colores las tradicionales piñatas
Cada gajo de naranja, cada tejocote, jícama o puño de cacahuates que cae al romper la piñata es resultado de meses de preparación en las parcelas
MÉXICO.- Diciembre llega con luces, villancicos, posadas y risas… y con ellas, las piñatas que cuelgan en patios, plazas y calles de todo México. Esas estrellas multicolores que esperamos romper con emoción son mucho más que un adorno festivo: en su interior guardan el trabajo, la paciencia y el cariño de miles de productoras y productores del campo mexicano.
Cada gajo de naranja, cada tejocote, jícama o puño de cacahuates que cae al romper la piñata es resultado de meses de preparación en las parcelas. Por eso, al comprar las frutas que la rellenan no sólo fortalecemos la economía de las regiones agrícolas, también apostamos por una alimentación con propiedades nutricionales que nos ayudan a cuidarnos de los resfriados propios de la temporada.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural informó que el abasto de frutas y cacahuates está plenamente garantizado para estas fiestas decembrinas, lo que permite que la tradición siga viva en hogares, centros de trabajo y espacios comunitarios de todo el país.
Una tradición que viene del siglo XVI
Romper la piñata no es sólo un momento de fiesta. Esta tradición llegó a México en la segunda mitad del siglo XVI, cuando los frailes agustinos de Acolman de Nezahualcóyotl, cerca de Teotihuacán, obtuvieron la autorización del papa Sixto V para celebrar las misas de aguinaldo, antecedente de las posadas. Fue entonces cuando la piñata se integró a estas celebraciones, cargada de simbolismo religioso y sentido comunitario.
El sabor del campo mexicano en cada piñata
De acuerdo con datos de la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (DGSIAP), en 2024 la producción de los alimentos que dan vida a las piñatas mostró la fuerza del campo mexicano:
La naranja alcanzó una producción de 4 millones 836 mil toneladas, con Veracruz a la cabeza, seguido de Tamaulipas, Puebla, San Luis Potosí y Nuevo León.
La caña de azúcar sumó 111 mil 719 toneladas, con Nayarit como principal productor, acompañado de Veracruz, Estado de México, Puebla y Jalisco.
El cacahuate registró 70 mil 228 toneladas; Chihuahua lideró la producción, seguido de Chiapas, Puebla, Sinaloa y Guerrero.
La jícama cerró el año con 182 mil 068 toneladas, con Nayarit al frente, y aportaciones importantes de Morelos, Veracruz, Guanajuato y Guerrero.
La lima alcanzó seis mil 828 toneladas, principalmente en Puebla y Jalisco.
Y el tejocote, uno de los símbolos de la temporada, registró cinco mil 758 toneladas, casi en su totalidad producidas en Puebla, manteniendo viva una tradición profundamente ligada al centro del país.
En cada piñata hay un esfuerzo colectivo: de quienes siembran y cuidan la tierra, de quienes cosechan, transportan y venden. Entre papel de china, colores brillantes y frutas frescas, la piñata nos recuerda que celebrar también es reconocer el trabajo de quienes alimentan nuestras fiestas.




