Tlaxcalancingo protege su territorio con el Tecmopalehuisque y el trueque de semillas
En un tiempo donde las ciudades se expanden y los campos se encogen, el acto de sembrar —aunque sea en maceta— se vuelve una forma de esperanza
10/10/2025 5:42 pm
SAN BERNARDINO TLAXCALANCINGO, Puebla.— En un territorio donde el cemento avanza sobre la milpa, las comunidades campesinas se aferran a la semilla como acto de resistencia. Este 19 de octubre se celebrará la décima edición del Tecmopalehuisque, el trueque de semillas y plantas que, bajo el lema “Sembrar juntos para sanar la tierra”, busca defender las semillas nativas, fortalecer la soberanía alimentaria y mantener viva la memoria agrícola del valle cholulteca.
En la explanada de San Bernardino Tlaxcalancingo —una comunidad que ha visto cómo la urbanización devora sus tierras de cultivo— se reunirán más de veinte productores, cooperativas y artesanos. Durante toda la jornada, de 9:00 a 18:00 horas, se realizarán talleres de agroecología, conversatorios, presentaciones culturales y una gran jornada de trueque donde el dinero no tiene cabida: solo el intercambio, la colectividad y el compromiso con la tierra.
“La ciudad se comió las tierras para sembrar. Ya no hay tierras que aguanten la renovación de cultivo… Nosotros sembramos aunque sea en maceta”, dice doña María Eugenia Santos, una de las guardianas de las semillas en Tlaxcalancingo. En su frase se condensa la paradoja de una comunidad que siembra entre el asfalto, que resiste cultivando en azoteas o patios, que transforma la pérdida en persistencia.
👩🌾 Lulú Pérez, del colectivo Acciones por la Tierra, dice que la semilla no se compra, se comparte, que la tierra no se vende, se cuida. 🌱 🌽 pic.twitter.com/hVEARNDmyV
— LaCampiña (@lacampinaweb) October 9, 2025
El evento, organizado por la asociación Acciones por la Tierra, no solo es una feria agroecológica, sino que es, además, una declaración política frente al despojo urbano. “La tierra no se posee, se cuida; la semilla no se compra, se comparte”, afirma Lulú Pérez, integrante del colectivo, al recordar que el Tecmopalehuisque no busca vender, sino compartir conocimiento y revalorizar lo que la modernidad ha intentado borrar: el vínculo entre la comunidad, la tierra y el alimento.
Durante la jornada se presentarán más de 60 variedades de semillas tradicionales, desde maíces de colores hasta frijoles, quelites y amaranto. Las actividades incluyen talleres de insecticida orgánico, lombricomposta y bordado tradicional, así como presentaciones de danza, teatro y cocina popular. Pero más allá del programa, el objetivo es recuperar el derecho a sembrar sin agroquímicos y a decidir qué comemos.
Trinchera ante la urbanización
Lourdes Pérez, directora de Acciones por la Tierra, subraya que el encuentro busca formar un banco comunitario de semillas para resguardar las variedades locales y ponerlas al alcance de quien quiera cultivarlas. “Cualquier semilla, por muy pequeña que sea, es importante. En cada una hay una historia, una familia, una tierra que no se rinde”, expresó.
El Tecmopalehuisque surge así como una trinchera simbólica frente al modelo de urbanización que ha desplazado los cultivos y encarecido la vida rural. Frente al despojo del territorio, las comunidades de Tlaxcalancingo apuestan por la agroecología, la cooperación y la colectividad, no como nostalgias del pasado, sino como horizontes de futuro.
En un tiempo donde las ciudades se expanden y los campos se encogen, el acto de sembrar —aunque sea en maceta— se vuelve una forma de esperanza. Porque aquí, entre las últimas parcelas y nopaleras que resisten, la tierra aún habla, y quienes la escuchan responden sembrando juntos para sanarla.






