Diseño con raíces: talento IBERO Puebla protege a recolectores de tuna en Acatzingo
Estudiantes de Diseño Industrial crearon PIXAC, un equipo de protección hecho con mezclilla reciclada y saberes comunitarios para hacer más segura la recolección manual de tuna.
29/01/2026 12:10 pm
PUEBLA.- La tuna no solo es uno de los frutos más queridos de México: también es identidad, sustento y trabajo para miles de familias. Cada año, el país produce entre 400 mil y 470 mil toneladas, gracias al esfuerzo de más de 20 mil productores que, en regiones como Acatzingo, Puebla, enfrentan riesgos diarios para llevar este fruto a nuestras mesas.
Espinas, heridas, infecciones e irritaciones forman parte de una jornada que pocas veces cuenta con equipo de protección adecuado. Frente a esta realidad, un grupo de estudiantes de la Licenciatura en Diseño Industrial de la IBERO Puebla decidió escuchar, observar y diseñar desde el territorio.
Katia Espinoza Córdova, Arantxa Marrufo Juárez, Lorena Báez Lorandi, Lucía Strengel González, María del Rosario Azaola Villarroel y Mariel Regina Cabrera López presentaron PIXAC, un proyecto que integra diseño, reciclaje y conocimiento comunitario para mejorar la seguridad de las y los recolectores de tuna en Acatzingo.
PIXAC es un equipo de protección pensado específicamente para la recolección manual, una labor que expone constantemente al cuerpo a espinas pequeñas y volátiles. Su propuesta utiliza pantalones de mezclilla reciclados como material principal, buscando una solución accesible, resistente y que no interfiera con la técnica tradicional de cosecha.
El equipo está compuesto por una careta que protege del sol y las espinas; un peto ajustable, diseñado especialmente para personas de entre 45 y 65 años; y guantes de carnaza reforzada, que cubren el índice y la palma de la mano, zonas clave durante la torsión del fruto para desprenderlo sin dañarlo.
Además del objeto físico, PIXAC suma un servicio comunitario: un instructivo sencillo que explica la importancia del uso de protección y guía paso a paso para que las propias personas recolectoras puedan elaborar su equipo con mezclilla reutilizada. La idea es clara: compartir saberes, reducir riesgos y fortalecer la autonomía.
El proyecto busca crecer y adaptarse a otras comunidades, reconociendo el valor cultural y productivo de la tuna, pero, sobre todo, dignificando el trabajo de quienes la cosechan. Un ejemplo de cómo el diseño puede dialogar con el campo, cuidar los cuerpos y sembrar soluciones desde lo colectivo.




