Entre magueyes, fuego y herencia: los mezcaleros poblanos que brillan en México
“Los destilados poblanos no solo compiten. Destacan. Y lo hacen entre los mejores del mundo”.
PUEBLA.– A Anahí González aún se le ilumina la mirada cuando habla del horno donde su familia ha cocinado mezcal por cinco generaciones. En San Diego la Mesa Tochimiltzingo, el aroma del agave horneado forma parte del paisaje cotidiano, igual que las manos curtidas de quienes lo trabajan. Este año, ese aroma viajó más lejos: hasta Chihuahua, donde su mezcal conquistó una medalla de oro y otra de gran oro en el Concurso Nacional México Selection 2025.
“Soy la primera mujer productora de mi familia”, dice con un orgullo tranquilo. “Mi objetivo es seguir haciendo mezcal con notas que traigan premios a Puebla”. Con estas preseas, suma ya nueve reconocimientos a lo largo de su carrera. Pero para ella, más que una cifra, cada medalla es un recordatorio de que la tradición sigue viva.
Anahí no fue la única. En esa misma competencia, Puebla arrasó con 35 galardones, consolidándose como la entidad más destacada del certamen. Un logro histórico que, más allá de cifras, está tejido por historias de familias enteras que aman y defienden al agave.
En San Diego la Mesa o en las laderas áridas de la Mixteca, nombres como Benjamín Mirón, creador del mezcal Huexolotl, resuenan con fuerza. Él obtuvo una medalla Gran Oro —la otra que se llevó Puebla— y aún le cuesta creerlo. “El mezcal poblano está en pie y brilla”, dijo al recibir la noticia. “Esta presea no solo es mía, es de nuestras comunidades”.
Benjamín habla de su triunfo con la serenidad de quien sabe que detrás hay días de caminata al cerro, noches vigilando la fermentación y la certeza de que cada lote es irrepetible. Por eso, sostiene, es clave que el mezcal poblano sea reconocido desde su raíz: la técnica, la tierra y la tradición.
Un sentimiento similar comparte Nereo Melchor Bravo, productor de El Moro en Teopantlán. Lleva apenas siete años en el oficio, pero su marca ya presume dos medallas de plata y, este 2025, su primera de oro. “Me siento orgulloso de ser poblano y teopanero”, afirma. “El cultivo del agave había sido olvidado, pero ahora volvemos a tener esperanza”.
Entre ellos —y decenas más— hay una constante: la certeza de que producir mezcal es un acto de paciencia y amor. Y ese mismo espíritu es el que, según el gobernador Alejandro Armenta, convierte a las y los mezcaleros poblanos en “ejemplo que inspira”. Más que un reconocimiento oficial, sus palabras resonaron porque quienes estaban frente a él no eran empresarios del cartón, sino guardianes de una herencia.
De los 61 participantes del certamen, 35 eran poblanos. Y todos volvieron a sus comunidades con una medalla que no solo acredita la calidad de sus destilados, sino que fortalece su presencia en el mercado nacional e internacional.
La secretaria de Agricultura, Ana Laura Altamirano Pérez, lo resume así: “Los destilados poblanos no solo compiten. Destacan. Y lo hacen entre los mejores del mundo”.
Quizá por eso, hoy en Puebla, cada botella ganadora sabe un poco más dulce. Sabe a trabajo, a memoria y a un estado que, entre barricas y alambiques, confirma que también se escribe desde el mezcal.




