Cosecha de Historias

Papaya maradol: el cultivo chiapaneco que siembra empleo y esperanza

En Chiapa de Corzo, Chiapas, Asunción e Ismael Martínez transformaron su experiencia en el campo en un proyecto productivo de papaya maradol que hoy genera empleo, fortalece la economía local y abastece a mercados regionales.

Mauricio Cárdenas

MÉXICO.- Dulce, jugosa y de intenso color naranja, la papaya es una fruta emblemática de México. En Chiapas, su cultivo no solo representa una actividad agrícola estratégica, sino también una historia de esfuerzo y arraigo al campo. En la localidad de Julián Grajales, perteneciente al pueblo mágico de Chiapa de Corzo, la papaya maradol ha cambiado la vida de dos productores y de al menos 15 familias que dependen directamente de esta actividad.

Asunción Martínez Pérez e Ismael Martínez Madrigal, primos y socios, apostaron hace más de siete años por este cultivo tras una vida vinculada a la tierra. Don Asunción recuerda que el trabajo agrícola es una herencia familiar: primero con maíz y frijol, y después con papaya, una siembra que considera más noble y con menores pérdidas frente a otros cultivos.

Antes de convertirse en productor, Asunción trabajó durante 15 años como vendedor de papaya en la ciudad, experiencia que le permitió conocer a fondo el mercado. Con sus ahorros decidió invertir en su propio huerto y regresar al campo. Hoy, su unidad productiva cuenta con 12 hectáreas, donde se cultivan alrededor de 26 mil 400 plantas, cada una capaz de producir entre 40 y 60 frutos.

El cultivo de papaya, sin embargo, no está exento de retos. Don Ismael explica que se trata de una actividad delicada y costosa, especialmente por la presencia de plagas, insectos chupadores y enfermedades como la virosis, considerada la más agresiva para las plantas. Para enfrentarla, los productores aplican fumigaciones con insumos no agresivos para la salud humana y mantienen un manejo constante del huerto.

El clima es otro factor determinante. Las plantas toleran temperaturas de hasta 35 grados centígrados, pero el aumento del calor asociado al cambio climático genera estrés en los cultivos y modifica incluso la forma del fruto. Aun así, la producción se mantiene y brinda satisfacciones, aseguran los productores.

Durante todo el año los árboles dan fruto, aunque el punto más alto de la cosecha se registra en octubre, cuando llegan a recolectar hasta 30 toneladas por semana. Cada papaya pesa entre 2.5 y 3 kilogramos y se comercializa principalmente en Tuxtla Gutiérrez, además de que una parte importante se envía a Tabasco. La venta es abierta tanto a compradores mayoristas como a personas que adquieren pocas piezas directamente en el huerto.

Además de su impacto económico, la papaya aporta beneficios nutricionales relevantes, al fortalecer el sistema inmunológico, favorecer la digestión y actuar como antioxidante natural. Para los productores, no obstante, el mayor valor está en lo que representa para su comunidad.

Vivir del campo y para él es lo que sabemos hacer. Todos los días damos gracias a las plantas; ellas son como las personas, devuelven lo que nosotros les damos”, resume Don Asunción. En Chiapas, la papaya maradol no solo alimenta mesas: también siembra futuro.

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