Entrevistas

Dulces Marce, tres generaciones endulzando Puebla

Magdiel Olano

PUEBLA, MÉXICO.- Aldo Ledezma tiene 14 años, y más de la mitad de su vida se ha dedicado a la elaboración de los dulces típicos de Puebla. Su familia lleva ya tres generaciones en el negocio, y aunque ellos creen que continuar con la venta de estos postres ya no será rentable, Alan piensa que, con innovación, es un sector que tiene mucho futuro.

Hace más de 45 años que Los Ledezma establecieron la fábrica al norte de la ciudad sobre el bulevar Hermanos Serdán en el número 43, donde elaboran desde dulces de leche, camotes, tortita de Santa Clara, jamoncillos, cocadas, borrachitos, muégano, entre una gran variedad de cerca de 250 tipos distintos, sin olvidar el tradicional mole en pasta o crema de licor de pistache y piñón.

“Son doce hermanos, y cada uno se encarga de hacer una cosa. Uno hace la palanqueta, otro el dulce de leche y todos llevamos el dulce a la fábrica. Todo el producto es familiar”, comentó Aldo Ledezma en entrevista para LA CAMPIÑA a propósito de su participación en el Primer Festival del Dulce Poblano.

A sus 6 años Aldo comenzó a ayudar a su familia en el trabajo de la fábrica; al principio haciendo tareas sencillas como barrer o envolver las piezas, pero con el tiempo se ha ido involucrando más en la preparación, distribución y comercialización de todos los dulces.

“Es un negocio familiar, entonces yo estoy aquí desde chiquito y he visto todo su proceso. Desde los 6 años estoy ayudando, primero a barrer o a embolsar, después me fueron enseñando más cosas”.

Desde temprana hora en la mañana, este joven entusiasta, junto a otros integrantes, ya esperan la leche bronca traída de una granja cercana para empezar a preparar el dulce de leche. Ésta se hierve con glucosa, azúcar, entre otros condimentos, siempre con el cuidado de moverla todo el tiempo para que no se pegue; una vez que ha tomado consistencia y color se le agrega el anís, el ingrediente más importante, ya que es el que le da el sabor y la cremosidad característica de la cajeta.

Esta mezcla se deja reposar dos días para que obtenga el espesor ideal, pasado el tiempo ya está listo para ser utilizado en otras recetas de dulces como el rollo con nuez, o simplemente se envuelve en trozos pequeños que después son colocados en charolas para la venta al público.

Las cocadas tienen un proceso menos tardado pero igual de laborioso, pues una vez que han llegado los cocos frescos del mercado se les tiene que retirar la primera capa de cáscara; después de eso se escalfan cuidadosamente para poder quitar la segunda capa de cáscara y, tras ello, rallar finamente.

El coco ya rallado se coloca en un bombo giratorio que está puesto al fuego, donde se le añaden el azúcar, la glucosa y se le da más sabor; después de unas dos o tres horas de cocción ahora sí la pasta está lista para moldearse y dejar enfriar.

Éstas y algunas otras como la de palanquetas, alegrías, obleas o capirotadas, son recetas de familia que Aldo se sabe de memoria y puede hacer a la perfección tal como las hacían sus abuelos. Y es que con ocho años de sus 14 de vida involucrado en la fábrica, asegura que es una labor que le gusta y no la dejaría de hacer, así como tampoco se cansa de comer los sabrosos muéganos poblanos.

Aunque con un negocio consolidado, de trayectoria e incluso con distribución en otros estados de la república como Cancún, Yucatán o Morelia, los más grandes de Los Ledezma piensan que en algunos años la venta de dulces típicos ya no dejará ganancias, una idea que Aldo no comparte, pues cree que sólo hace falta un poco de innovación y espíritu joven para continuar con una cuarta generación de dulceros.

“Me dice mi familia que el negocio no tiene futuro, pero yo le veo un gran futuro porque aparte de estos dulces se pueden elaborar más cosas. Se pueden combinar, innovar. Yo junto con mis primos y mis hermanos podemos levantar el negocio”.

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