Raíces

Cera que arde y memoria que perdura: el oficio de la abeja escamada en Axochiapan

En Axochiapan, Morelos, la cerería tradicional de cera de abeja escamada se mantiene viva gracias a un proyecto comunitario impulsado por el PACMyC, que transmite este saber ancestral a nuevas generaciones como parte de la identidad y la vida ritual del municipio.

Mauricio Cárdenas

MÉXICO.- La cerería tradicional de cera de abeja escamada es un oficio profundamente arraigado en la vida comunitaria de Axochiapan, Morelos. Ahí, Jesús Darío Alvillar encabeza el proyecto Cera de abeja escamada, beneficiado por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) Morelos 2024, con el propósito de preservar y transmitir una técnica que acompaña las celebraciones religiosas y la memoria colectiva del municipio.

“Nuestra comunidad siempre se ha representado por esta artesanía… antes era un trabajo muy celoso, solo los abuelos sabían hacerlo”, explica Alvillar, quien subraya que fueron las generaciones mayores las que resguardaron este conocimiento durante décadas.

La elaboración de sirios, velas de gran formato que pueden pesar hasta cuatro kilos, es parte esencial de las fiestas patronales, procesiones, el Día de Muertos y, de manera especial, de la festividad de San Pablo Apóstol. “Todo lo que es referente a la tradición es donde siempre se emplea la cera escamada”, señala el artesano.

El proyecto surgió ante una preocupación clara: la disminución de personas que dominan el oficio. Tras más de quince años de participar en mayordomías locales, Alvillar identificó la urgencia de formar a nuevos portadores del saber y, con apoyo del PACMyC, abrió el taller comunitario y aseguró la materia prima necesaria para enseñar la técnica.

Foto: Cortesía

El proceso de elaboración es complejo y exige paciencia y conocimiento profundo de los materiales. La cera de abeja —cada vez más escasa— se recolecta, limpia, hierve y cuela varias veces. Si se busca un tono más claro, se blanquea al sol durante días, sin recurrir a químicos que alteren sus propiedades naturales.

Las flores escamadas se construyen pétalo por pétalo mediante moldes de madera tallados a mano, que se humedecen antes de sumergirse en la cera caliente. “Una rosa puede llevar hasta cuarenta pétalos”, detalla Alvillar. En el caso de los sirios, el trabajo implica verter capas de cera sobre un pabilo de algodón durante semanas, cuidando el grosor y la forma.

El taller es también un espacio familiar y comunitario. Mientras unos moldean las flores, otros apoyan en la recolección, el escurrido o el calentamiento de la cera. Niñas y niños se integran al proceso desde la observación, asegurando la transmisión intergeneracional del oficio.

Entre los principales retos está la competencia con productos industriales. “A veces la gente prefiere algo más rápido o artificial”, reconoce Alvillar, aunque subraya que ningún material sintético sustituye a la cera natural: “El aroma del copal, del limón, no se compara”.

De enero a abril de 2025, el proyecto reunió a cerca de cuarenta personas de distintas edades en talleres diarios donde aprendieron desde la recolección de la cera hasta la elaboración de su propio sirio. El cierre incluyó una exposición comunitaria y una premiación simbólica que fortaleció el entusiasmo colectivo.

Para Alvillar, la cera escamada no es un objeto decorativo, sino una expresión viva de creencias y comunidad. “Cuando vemos un sirio arder, no sentimos que se pierde. Ahí está nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestro sentir”, afirma.

El proyecto Cera de abeja escamada reafirma que los oficios tradicionales siguen siendo espacios de transmisión cultural, encuentro comunitario y continuidad histórica en Axochiapan, Morelos.

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