Innovación

Biosólidos de Atotonilco: cuando un residuo se convierte en vida para el campo mexicano

Los biosólidos generados en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Atotonilco, Hidalgo, representan una oportunidad para recuperar suelos agrícolas, reducir el uso de fertilizantes químicos y avanzar hacia una bioeconomía circular. Su aprovechamiento ofrece beneficios agronómicos, ambientales, sociales y económicos, siempre que se garantice un uso seguro y regulado.

28/09/2026 10:18 am
Clara Aceves

MÉXICO.- En Atotonilco de Tula, Hidalgo, existe un ejemplo claro de cómo la bioeconomía circular puede transformar un problema en una solución. Los biosólidos que produce la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) —un residuo que normalmente terminaría en sitios de disposición final— pueden convertirse en un insumo valioso para recuperar la fertilidad de las parcelas.

Estos materiales son ricos en materia orgánica, lo que los vuelve aliados naturales para mejorar la estructura del suelo, aumentar su capacidad de retención de agua y favorecer la disponibilidad de nutrientes. En pocas palabras: ayudan a que la tierra respire, retenga humedad y vuelva a producir.

Un recurso que fortalece al campo

El uso agrícola de biosólidos permite:

  • Mejorar la fertilidad del suelo sin depender tanto de insumos químicos.
  • Recuperar parcelas degradadas, especialmente en zonas donde la productividad ha disminuido.
  • Aprovechar residuos que, de otro modo, se acumularían sin utilidad.
  • Generar empleos locales relacionados con transporte, aplicación y monitoreo.

El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) documentó estos beneficios en un estudio de caso que muestra cómo Atotonilco puede convertirse en un modelo de economía circular aplicada al campo.

Una planta gigantesca que impulsa soluciones sostenibles

La PTAR de Atotonilco es una infraestructura monumental:

  • 161 hectáreas de extensión
  • Más de 10 mil millones de pesos de inversión
  • Capacidad para tratar hasta 60% de las aguas residuales de la Ciudad de México

Además de agua tratada, la planta genera biogás, que se usa para producir electricidad, y biosólidos, que pueden cerrar el ciclo de aprovechamiento si se destinan al campo.

Conectar dos necesidades: residuos y suelos

El subsecretario de Agricultura de Hidalgo, Agustín Soto, señala que estos biosólidos pueden reducir la dependencia de fertilizantes químicos y recuperar suelos de manera gradual. La propuesta coincide con la visión de bioeconomía agrícola que impulsa la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, junto con el IICA, para aprovechar recursos biológicos y residuos mediante prácticas sostenibles e innovación.

El reto: garantizar un uso seguro

Para que esta oportunidad se convierta en una práctica extendida, es necesario:

  • Asegurar que los biosólidos estén libres de patógenos y metales pesados.
  • Contar con infraestructura adecuada para su transporte y aplicación.
  • Generar confianza entre productores y consumidores.
  • Actualizar la NOM-004-SEMARNAT-2002, que regula su uso agrícola.

El objetivo no es solo llevar biosólidos a las parcelas, sino hacerlo con criterios científicos, ambientales y sanitarios que garanticen su aprovechamiento responsable.

Porque, al final, la idea es poderosa: lo que hoy se considera un residuo puede convertirse mañana en nutrientes, vida y recuperación para los suelos del campo mexicano.

  • Atotonilco impulsa la bioeconomía circular con el uso agrícola de biosólidos

  • De residuo a recurso: biosólidos que ayudan a recuperar suelos en Hidalgo

  • La PTAR de Atotonilco muestra cómo los desechos pueden fortalecer al campo mexicano

Artículos relacionados

Back to top button