El derecho a alimentarnos empieza mucho antes del plato
No podemos alimentarnos saludablemente si no hay condiciones dignas y suficientes para que los campesinos cultiven, pues no habría disponibilidad de alimentos.
19/10/2026 10:35 am
Ciudad de México.- Alimentarnos a pesar de ser un verbo sencillo tiene múltiples dimensiones. El derecho a la alimentación no puede reducirse a poner comida en un plato o a garantizar el consumo diario de alimentos al menos tres veces al día para toda la población. La alimentación es un derecho humano transversal, pues reducirlo puede llevarnos a pensar que comer es lo único importante y que da igual el cómo y con qué lo hagamos, incluso puede ser con alimentos que nos enfermen y hagan daño, como es el caso de los ultraprocesados.
Alimentarnos comienza en el origen, en el campo. No podemos alimentarnos saludablemente si no hay condiciones dignas y suficientes para que los campesinos cultiven, pues no habría disponibilidad de alimentos. Para cultivar se necesitan insumos como fertilizantes, que por supuesto no deben hacer daño a quienes lo usan y también se necesita agua limpia. Qué decir de las semillas. En México tenemos una gran variedad de alimentos que son fruto del esfuerzo y del cuidado sostenido por generaciones que las han mejorado y que nos brindan una diversidad biocultural sumamente rica, ¿suena absurdo que alguna empresa quisiera adueñarse de esas semillas, verdad?
Además, en el comer del día a día también nos jugamos nuestra salud aunque a veces no lo parezca. La mala alimentación es uno de los principales factores ambientales de riesgo de las enfermedades con mayor incidencia en nuestro país como la diabetes y el cáncer..

Y por supuesto, comer también es placentero, nos conecta con quienes tenemos cerca e incluso nos transporta a lugares de nuestra memoria. Siempre he pensado que entre más disponibilidad de alimentos variados tengamos, mayor serán las probabilidad de comer de forma deliciosa. No es lo mismo una simple carne asada que una carne asada con guacamole, nopales, cebollitas, una rica salsa, tortillas, calabacitas y más.
Todo lo anterior fue parte de la reflexión que diversas organizaciones, que activamente luchan por el derecho a la alimentación desde distintos frentes, llevaron a cabo en la Comisión De Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), en el marco del Día Mundial de la Alimentación. Allí se hablo de soberanía alimentaria, de la defensa por el derecho a agua limpia, de la importancia de luchar por un campo libre de agroquímicos que contaminan el ambienten y nos pueden enfermar.
La presidenta de la CDHCM, María Dolores González Saravia, tomo un momento el micrófono para compartir qué hablar del derecho a la alimentación también es hablar de derecho a la ciudad y al territorio, por ejemplo. De allí la importancia de destacar que, aunque parezca obvio, las ciudades también se alimentan. Y no solamente es a través de redes de suministro, si no que incluso en los gigantes de asfalto como la Ciudad de México o Puebla capital hay núcleos de cultivo que los alimentan y por ello hay que cuidarlos.
Historia y cultura
Como alimentarnos es historia y cultura, no se pudo dejar de lado el recordar momentos históricos de esta lucha. Se destacó cuando en 2009 se decretó el 29 de septiembre como Día Nacional del Maíz, el día elegido no fue casualidad pues es parte de la tradición de conmemorar el Día de San Miguel donde se agradece la cosecha.
También se abordó que la agricultura es parte de nuestra historia, no solamente como país sino como humanidad. Por ello la investigadora independiente Erica Hagman señaló que la agroindustria hoy considerada por sí misma como indispensable para mantener la alimentación a nivel mundial tiene una historia de menos de 100 años, nada comparado con los más de 12 ooo años que la humanidad lleva cultivando. Además señaló que el sustento de los modelos no agroindustriales no es solamente la historia, sino las cifras. México ocupa el tercer lugar a nivel mundial en agricultura orgánica y el primero en América Latina. La agroecología no es alternativa, es una realidad con mucha historia y que se mantiene en resistencia.

Esta reflexión colectiva es un llamado a defender la milpa, el maíz, nuestro medio ambiente, nuestra salud y a alimentarnos sabroso. En el evento participaron los colectivos Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ), la Red Nacional de Comunidades Envenenadas en Resistencia (RENACER), FIAN, Semillas de Vida, la Red de Cooperativas Las Comaleras, la Coordinadora Nacional Agua para todos, Agua para la Vida, la Campaña Nacional Sin Maíz no hay País y la Alianza por la Salud Alimentaria.
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